Tradicionalmente el tratamiento de la obesidad se fundamenta en la difusión de información nutricional, la promoción de nuevos hábitos y el ejercicio físico. Sin embargo, este enfoque, a ojos del psicólogo Francisco Flores, director de la ONG MenteSana, resulta reduccionista e insuficiente, ya que los aspectos psicosociales y socio-familiares  juegan un rol decisivo a la hora de entender el fenómeno de la obesidad y las estrategias para enfrentar el problema.

Los recientes resultados del Mapa Nutricional 2016 revelaron un alza preocupante en los niveles de sobrepeso y obesidad en los alumnos de pre-kinder, kinder, primero básico y primero medio. El estudio arrojó que el 26,4% de los alumnos de entre cinco y siete años tienen sobrepeso, y un 23,9% son obesos. Es decir, más del 50% de los alumnos de entre cinco y siete años caen en un rango preocupante. Asimismo, los alumnos de primero medio aumentaron a un 45% de sobrepeso en 2016.

A juicio del especialista, enfocar el problema solamente desde un punto de vista educativo y nutricional tiene malos resultados. “La obesidad no es solo un problema de mala información nutricional o falta de actividad física. Por ejemplo, es común que la alimentación es para muchos niños una forma de gratificación emocional, y a su vez, para muchos padres es una forma de premiar a sus hijos por ciertas conductas”.

Para el profesional, la obesidad es más un estado que un síntoma. Constituye una forma de adaptación mantenida activamente en la medida en que protege de angustias. El riesgo de ser adultos obesos en los niños se duplica si uno de los padres lo es, por lo tanto, éstos tienen un rol fundamental, no solo en lo cognitivo sino principalmente en lo emocional.

"La respuesta estereotipada de los padres que suministran alimento ante cualquier manifestación emocional del niño, le impedirá al menor distinguir el hambre de otras sensaciones internas y lo llevará más tarde a calmar cualquier sensación con comida. Las satisfacciones orales, al conllevar menos prohibiciones o limitaciones que la mayoría de los otros objetivos pulsionales, representan un goce menos conflictivo”, asegura Flores.

El psicólogo propone que los colegios se hagan cargo de esta dimensión de “educación emocional” que permita a los niños contar con más herramientas y factores protectores para el control de sus impulsos y formas de gratificación diversificada. A su vez, se vuelve necesaria la implementación de talleres para padres que permitan comprender las dinámicas psicosociales que intervienen en el aumento del sobrepeso y la obesidad.

El especialista de Mente Sana afirma que desde el punto de vista social, el consumo de alimentos es una forma de satisfacción que es a la vez promovido por medio de una intensa publicidad, pero que también es denostado por ser la antípoda de los cánones estéticos. “En ese sentido, por un lado nos señala la incongruencia de alcanzar bienestar a través de los objetos de consumo, y por otro, es también una denuncia que ese modo de 'goce' social, familiarmente permitido, produce un malestar al sujeto, enfermándolo de múltiples maneras”, señala Flores.

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