Frente a la pregunta si solicitaron atención para tratar su problema de salud mental, 3 de cada 10 personas respondieron que si necesitaron la ayuda de un profesional.
No obstante, cuando a las personas se les pregunta cómo perciben su actual estado de salud mental, 9 de cada 10 señala que bien, esto independientemente de su previsión y nivel de escolaridad.

Este estudio es uno más entre numerosos realizados sobre la salud mental en nuestro país. Todos con el mismo denominador: la altísima prevalencia y aumento progresivo de trastornos asociados a salud mental: Índices de depresión, licencias médicas, consumo de psicotrópicos, neurosis laboral, tasas de suicidios, porcentaje de gasto público en salud mental, por solo mencionar los principales. Al respecto dos consideraciones:

La primera es la necesidad urgente de contar con una Ley de Salud Mental para Chile. (Actualmente existe un proyecto de ley, en primer trámite constitucional). Que por una parte permita el acceso a la rehabilitación psicosocial con estándares mínimos de atención, pero en consonancia con los derechos de los pacientes y el respeto a sus libertades esenciales como persona. Y por otra, la necesidad de dotar de recursos, para enfrentar políticas de prevención y educación psicosocial, y de lucha contra la discriminación y los estigmas sociales.

En 2012 el gasto público llegó a 2,16 %, muy por debajo del 5,0% que propuso como meta el propio Plan Nacional de Salud Mental y Psiquiatría del Minsal para el año 2010. Al respecto, otro reciente estudio de la OMS, señaló que un país gana cuatro euros por cada uno de los que invierte en salud mental.

La segunda consideración algo más oculta, es la pregunta por esta sintomatología nacional, que encuentra en la salud mental, una prolífica y densa producción. Es probable que con estos indicadores, cualquier otra situación clínica, hubiese de considerarse como propia de una epidemiología.

Decía Freud que el ser humano y también las sociedades, debían ser capaces de trasformar el exceso de sufrimiento en infortunio corriente, en desdicha cotidiana. Que aspirar a más tenía algo de ilusorio. En el caso de nuestro país, todo parece indicar que el infortunio no es común sino excesivo, comparativamente hablando incluso.

Esta densa sintomatología de trastornos y malestares diversos indican una subjetividad extenuada y maltratada. Pero a la vez una bullante pero sorda protesta por el encuadre social, bajo los parámetros del éxito, la codicia y el estatus en la cual se desarrolló. No es lo mismo dolor q sufrimiento, el dolor se va con el duelo, pero sufrimiento es una posición frente a la vida.

El psiquismo no es solo materialidad biológica y física. Es también materialidad cultural. Como se inserta y dinamiza en las producciones de sentido que genera la cultura.

En este sentido esta sintomatología es una protesta frente al “olvido” de conciliar la construcción de una sociedad con progreso y humanismo. Estos indicadores son muchos más estables y claros, aunque silenciosos y latentes, que los indicadores económicos y las encuestas mensuales y semanales, respecto al modelo de desarrollo y formación social.

Por eso, la crítica social y política debe también recuperar el humanismo en su vocería: no es solo un problema económico o cuantitativo, como por ejemplo, la desigual distribución de la riqueza. Eso de alguna forma sería quedar encerrada en los mismos parámetros: anclado casi exclusivamente en indicadores de productividad y crecimiento económico.

Ha sido en nuestra historia, no pocas veces, que nos hemos damos cuenta tarde, que estábamos a tiempo.

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